Por: Equipo de prensa Gobierno Mayor Según un comunicado emitido por la Asociación OREWA la tarde de este 16 de febrero, denuncian que un total de 19 familias, que suman 64 indígenas, entre ellos 13 menores en edad escolar, y una mujer gestante, permanecen en la sede de esa Organización, desde la noche de este 15 de febrero, en condición de desplazamiento. También en la comunicación expresan que “en la zona hay aproximadamente 60 familias, de las cuales algunas ya salieron de la Comunidad y están en camino de llegar y sumarse a las que se encuentran en este momento en Quibdó”. Según relata la OREWA, “desde el mes de enero, la guardia Indígena en ejercicio de la autonomía y el control territorial del Resguardo, ha encontrado cambuches instalados, que pertenecerían supuestamente al ELN, además miembros de la Comunidad han encontrado a estos sujetos dentro de su Resguardo, lo que aumenta el temor dentro de la población”, puntualiza el comunicado. La Organización OREWA, con sede en Quibdó (Chocó), manifiesta que “presuntamente el ELN, viene amenazando y preguntando a la Comunidad, por los líderes de otras zonas del Resguardo, lo que ha hecho que muchos hayan decidido salir de su territorio... [ Leer más ]
Por: Equipo de prensa Gobierno Mayor Entre los días del 22 al 25 de febrero de este año Autoridades Tradicionales Indígenas de Colombia – Gobierno Mayor, realizará el ‘Encuentro Nacional de Pueblos y Autoridades Indígenas de Colombia’, cuyo objetivo es hacer fluir la palabra, repensar nuestras realidades para preservar la vida y la Madre Tierra, así como fortalecer nuestro Pensamiento Mayor y Principios. El Encuentro tendrá lugar en la finca La María ubicada muy cerca de la población La Gran Vía, en inmediaciones del municipio de La Mesa (Cundinamarca). En los siguientes mapas usted podrá encontrar la ruta que deben recorrer las Autoridades que vienen desde los diferentes territorios del país. La ruta para llegar a la finca La María, desde Bogotá, es la siguiente: Para quienes vienen desde los Llanos Orientales, deben llegar primero a Villavicencio, y luego seguir la ruta del mapa: Esta es la mejor manera de llegar para quienes vienen desde Mocoa y el sur del país: Y para quienes vienen de Medellín o el occidente y noroccidente colombiano, esta es la ruta:   [ Leer más ]
Por: Oficina de comunicaciones Gobierno Mayor Hace 10 meses los hermanos indígenas del Resguardo Corozal – Tapaojo, de las etnias Piapoco y Saliva, se tomaron la vía que pasa por la mitad de su territorio, y que conduce de Puerto Gaitán (Meta) a Puerto Carreño (Vichada). Esta es una medida para reclamar derechos frente al abandono en el que se encuentran. El equipo de prensa de Autoridades Tradicionales Indígenas de Colombia – Gobierno Mayor habló con Miyer Merchán Catimay, gobernador del Resguardo, para que nos contextualizara frente a la situación por la que pasa su territorio. “El problema actual es que por el desarrollo que hace algunos años se presenta en la región se ha incrementado el flujo de vehículos de carga. Como el deterioro de la vía cada vez es mayor, los carros y camiones buscan por las sabanas trochas alternas al terraplén; y eso es lo que reclaman los indígenas, pues afecta las tierras que el Resguardo destina a la ganadería”, explicó Merchán. Además, el gobernador manifiesta que el deterioro de la vía le ha afectado también en el sector salud porque ellos reciben servicios médicos en el casco urbano de Puerto Gaitán, a unos 155 kms del... [ Leer más ]
Escrito por: Gobierno Mayor El pasado 7 de febrero Autoridades Tradicionales Indígenas de Colombia – Gobierno Mayor desarrolló junto con la Secretaría de Educación de Bogotá una jornada intercultural con profesores de diferentes instituciones de la capital colombiana. El Encuentro fue llevado a cabo en el Jardín Botánico y su objetivo era “dar a conocer las experiencias pedagógicas y procesos que promueven la educación intercultural y la implementación de la Catedra de Estudios Afrocolombianos (CEA) en las instituciones educativas del distrito”. Así como “brindar herramientas para la conformación de redes de docentes del distrito que permita divulgar, comentar y retroalimentar experiencias pedagógicas referidas a la educación  intercultural y la implementación de la CEA en diferentes niveles educativos de ciudad”. Durante el evento los asistentes pudieron disfrutar de actividades autóctonas tradicionales de los pueblos indígenas y los afrocolombianos, así como un taller vivencial, una feria pedagógica y un conversatorio sobre redes de maestros y maestras como posibilidad de construcción de saber pedagógico sobre la educación intercultural e implementación de la CEA. Para el profesor José Delgado, del Colegio la Arabia en Ciudad Bolívar, es la primera vez que participa en un evento de este tipo. “Ha sido novedosa (la actividad) a... [ Leer más ]

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¿Qué Piensan Ellos?

“8 de marzo del 2417”. Un cuento surreal para nuestros nietos y nietas

Había terminado la quinta guerra mundial. El planeta parecía un desierto. Tempestades de arena cubrían los escombros, y la noche vientos helados hacían brillar unas estrellas desconcertadas.

Un destino piadoso había ahorrado la vida a un grupito de harapientos seres humanos, que vagaban en la nada alimentándose de escarabajos y escorpiones. Sólo una mujer, entre ellos, no había perdido la memoria. Se llamaba Zoé: en griego, “Vida”. Y un día, buscando algo entre las ruinas, se topó con una polvorienta caja de madera. La abrió con mucho esfuerzo y vio que contenía un viejo manuscrito casi carcomido por las polillas. No pudo descansar hasta lograr descifrarlo. Lo consiguió después de quinientas noches en vela, quedándose cada vez más asombrada. Poco a poco entendió que se trataba de una obra muy importante, que podía dar lugar a una nueva era.

Imagen: Al desierto con Yokmok

En las primeras páginas se leía que la recopiladora del manuscrito había sido una mujer rica y poderosa, de nombre Zoila, que hacía muchos siglos había recibido estos mensajes, según decía, directamente del Cielo. Se trataba de reglas que el mundo tenía que seguir para vivir bien, y sobre todo, mantener a rayas la mitad de la humanidad, constituida por machos tendencialmente rebeldes y agresivos, cuyo deporte favorito era buscar peleas. Para mantener su dominio en el mundo, los machos, por miles de años, habían convencido a las hembras que eran inferiores e impuras, peligrosas y obscenas, pues los habían llevado al pecado, convidándoles manzanas y algo más.

Zoé no se lo podía creer. ¿Cóoomo? ¿Un libro antiguo explicaba así de claro la sumisión a la que por milenios habían sido adiestradas las mujeres, hasta que la mayoría había terminado aceptándola como un dato del destino, una realidad inmutable, hasta los últimos siglos, cuando las cosas habían comenzado a hervir y las mujeres estaban reivindicando la paridad de condiciones con los hombres, en todos los sectores de la vida?

Sin embargo la humanidad no había evolucionado mucho, al parecer, a pesar de tantos descubrimientos científicos, o de que supiera construir rascacielos de 800 pisos, pensaba Zoé. Ya casi nadie practicaba los valores comunes, como la compasión, que muchos libros sagrados pregonaban, y entre los humanos prevalecían orgullo y codicia. De vez en cuando en desiertos y planicies explotaban tremendas guerras que llamaban “choques de civilizaciones”, para darles mayor importancia, pero para los más avispados no eran que una variante màs de las eternas luchas por el poder y los recursos naturales.

Al terminar la lectura Zoé se sentó en una piedra, secándose la frente, en un revuelo de dudas. Pues la solución que proponía el manuscrito era bastante fuerte. Ojo por ojo, diente por diente, se afirmaba. Después de veintemil años de dominio del macho, ahora tocaban veintemil de dominación de la hembra. Los varones, peligrosos e impuros, debían ser domesticados, exactamente como ellos habían hecho con ellas. Por el bien de la humanidad, o por voluntad del Cielo, según se prefiriera justificarlo.

Zoé cerró los ojos y decidió que había que probarlo. Pues, peor que así, como ella lo había visto al explotar la quinta guerra mundial, el mundo no podía ser. Después del experimento de veintemil años, sugería el manuscrito de Zoila, se podía hacer una evaluación, y ver si continuar o no con el sistema.

Así, generación tras generación, fueron ensayadas las nuevas reglas. Bueno, tanto nuevas no eran, al contrario, mirándolo bien, se trataba de una mezcla de viejísimas reglas. Lo nuevo era que se aplicaban al revés. Era oportuno, se decía en el manuscrito, que las mujeres se casaran con adolescentes bellísimos y pobres, dando a cambio a los padres algunas cabras o gallinas, o unas cuantas monedas, según el censo, y se los encerraran en casa a cuidar de los hijos, (paridos todavía por las mujeres, pero entregados a los pocos días de nacidos al cuidado de los hombres).

Ellas tenían que trabajar afuera y ellos tenían que cocinar, limpiar la casa, cuidar de los enfermos y los ancianos, e (¡importante!) les era taxativamente prohibido instruirse. A lo máxímo, podían llegar a leer un librito de oraciones. Pues deber y tarea del varón en el mundo era ser complementario (ergo, a servicio) de las necesidades de las mujeres, (incluyendo sus caprichos). Ellas tenían el sagrado derecho de pegarlos, si no obedecían, o se mostraban descontentos. Por eso, hacían circular simpáticos refranes, provenientes de diferentes lugares del mundo, como los que decían: “Cuando regresas a casa, pega tu marido, él sabe por qué”. O “más te pego, más te quiero”; o “hombres y bacalao, nunca se los machaca lo suficiente”.

Obviamente, cuando los hombres salían (moderadamente ) a la calle, solo para las compras indispensables, tenían que estar cubiertos de pie a cabeza, mostrando a lo máximo los ojos, y mirando siempre de frente, como los caballos. Tenían que llevar túnicas o pantalones anchos, mejor si acompañados por un velo que cubriera habilmente los moretones. Para asustarlos, las sacerdotisas les repetían que las calles eran repletas de mujeres ninfómanas que podían violarlos en cualquier momento, por lo tanto tenían que portarse de manera muy recatada, nada de sacar por allí un tobillo peludo o un brazo musculoso, si no, eran ellos los putos que se la buscaban. En caso de haber sufrido una violación, tenían que terminar colgados de un árbol, como se había visto hacer en la India. Para los adúlteros, en cambio, se sugería la vieja y siempre efectiva lapidación, heredada por los tiempos bíblicos, con la primera piedra lanzada por una inocente hijita.

Siendo los varones más fuertes fisícamente, era aconsejable que las mujeres se rodearan de eunucos como guachimanes, que a la mínima señal de rebelión daban tremendas palizas a los esposos. Sí, porque mientras el hombre tenía que mirar solo a su ama y dueña, las mujeres podían tener todos los amantes que querían, y en ciertas culturas hasta cuatro esposos. Para sentirse magnánimas, preguntaban al primero si estuviera de acuerdo que llegara el segundo o el tercero. Él, obviamente, casi siempre lo estaba, pues, para que no se fuera por allí a lloriquear, la justicia era mantenida en manos férreas por las juezas, y era inútil protestar. Además, ¿dónde podían irse, si un matrimonio fracasado era siempre culpa de ellos, los putos?

El sistema de los cuatro esposos, por lo visto, tenía un gran éxito entre las mujeres poderosas (las otras tenían que ser menos ambiciosas). El primer esposo, si quería mantener su posición en la casa, tenía que esmerarse en atenciones y platillos suculentos; el segundo, más joven y bien fornido, servía más bien para la zona noche, de donde no podía escabullirse por improvisas migrañas; el tercero, un adolescente adorable, llegado al tálamo nupcial rigurosamente virgen, necesitaba un poco de entrenamiento para soltarse, pero casi siempre los resultados eran sobresalientes. El cuarto podía ser un acrobata, un guitarrista o un poeta, justo para entretenerla cuando la señora descansaba en la hamaca. En fin… cuando, solo para variar un poco, la poderosa señora necesitaba otras distracciones, había muchos lugares discretos donde una cantidad de jóvenes, esclavizados por las mafias u obligados por la necesidad, podían prestar fantásticos servicios.

Pasaron muchos siglos, bajo el férreo dominio de las señoras poderosas. Las que no contaban con mucho dinero, podían permitirse solo un par de maridos, (¡qué aburrimiento!) pero en realidad no podían quejarse. Solo ellas disfrutaban de la libertad de estudiar interesantes carreras, dictar leyes (obviamente, para mantener sus privilegios) viajar y conocer, producir y acceder a las mejores invenciones…. Se la debían pasar bomba, ellas, (pensaban con tristeza los varones, envidiándolas) cuando se metían en los astronaves, dando vueltas por los planetas, o cuando jugaban sus ruidosos partidos de futbol, que a ellos era permitido solo ver por tv, pues no podían ir a los estadios, (siempre por miedo a las ninfómanas y a las tremendas hooligans que circulaban por allí, que se emborrachaban y después iban a destrozar todo, como habían aprendido a hacer de los antiguos varones, por ejemplo unos holandeses en Roma).

Sin embargo, como la Historia tiene recovecos y vericuetos, entre los varones comenzó a serpentear el diablillo de la rebelión. Poco a poco unos hombres lograron trabajar afuera de casa (al comienzo en condiciones horribles, con salarios más bajos), pero unos cuanto pudieron estudiar, y así, lentamente, comenzaron a agrietarse las bases del poder matriarcal. Tenían argumentos para discutir y reclamar, y la paz (sepulcral) del hogar ya era un recuerdo. Ellas entonces se volcaron a financiar grupos radicales, que interpretaban en formas restrictivas el sagrado manuscrito de Zoila, y pretendían detener la historia.

Surgieron también grupos de opuestas tendencias, pero igualmente fanáticos. En todas partes se abrían focos de guerra, sacando viejos y nuevos motivos de hostilidad, y la humanidad parecía haber perdido el norte. Habían pasado en un soplo los veintemil años del experimento, y los problemas no se habían resuelto, solo desplazado. La venganza de las mujeres no parecía haber sido una gran solución, si dejaba otra vez la última palabra a la guerra. En la sexta guerra mundial, fueron usadas las armas de última generación, (la bombas atómicas se habían vuelto unos cachivachis) basadas en lasers de gran potencia que quemaban todo a su alrededor, traspasando los escudos galácticos. De nuevo hubo una destrucción total, no sólo en la Tierra, sino sufrieron severos daños también Venus y la Luna. Y por unos siglos más los vientos y la arena reinaron sobre el silencio del planeta azul.

Hasta que un día entre los rojizos terrenos calcinados se vieron brotar unas hojas verdes. Increíble… ¿cómo se habían podido mantener las semillas? Eran las de un pequeño bambú, un cedro, un pino y una lupuna. Cuando crecieron, en su sombra se vieron descansar dos seres (un varón y una hembra) algo raros, venidos de no se sabe dónde, y parecidos en casi todo a una especie extinguida, la de homo sapiens, que a pesar de su apodo, tanto daños había hecho al planeta. Eran raros, altos y sutiles, de piel cobriza, manos largas y ojos grandes.

Imagen: Blog Librepensador

Comenzaron a escarbar agilmente el terreno y plantar semillas en silencio, cada uno al lado del otro, con elegancia. De nuevo florecieron los valles. Las lluvias bendicieron las cosechas, y nacieron niños y niñas que saltaban por todas partes, jugando con los monos. Curiosamente, el colore de la piel de los niños no era igual al de los padres, habían muchos colores y matices bellísimos y nadie le hacía caso. Cuando hubo varios grupos, estos no sentían la necesidad de ir a invadir las tierras ocupadas por otros grupos, sino intercambiaban sus productos y sus ideas. Que al parecer eran fantásticas. Pues se había quedado en ellos lo mejor de las neuronas de la extinguida especie del homo sapiens, tanto que en poco tiempo lograron construir unas cometas coloradas con que volaban donde sea: produjeron energías con el agua, el aire, los vientos, y exploraron los planetas cercanos. Lograron comunicarse con el pensamiento y con chips invisibles… Era una fiesta de conocimientos, una alegría total.

Los pájaros que en todo ese tiempo se habían quedado escondidos entre las rocas, no podían creerselo. Habían pasado años y ¿¡no había habido guerras!! ¡Nadie había pegado o gritado al otro! Todos colaboraban y parecían divertirse mucho. El tema de los sexos, sus diferencias y contrastes, era definitivamente superado. Todos trabajaban según sus talentos, y tanto se divertían que a cada rato descubrían cosas nuevas.

Los pájaros entendieron así que la última guerra de lasers había modificado genéticamente la especie humana, quitándole, con la amigdala, el exceso de reactividad que habia sido necesaria en los primeros tiempos de la humanidad, (cuando los hombres tenían que luchar con los mammuth) pero la agresividad se había desbordado provocando un sinfin de guerras… y, en su lugar, se habían incrementado asombrosamente la hormona de la felicidad y las “neuronas espejo”, las que favorecían la empatía, la comunicación y la solidaridad.

Ahora sí, que podian relajarse, después de tantos sustos, los pobres pájaros. Gaviotas, y colibríes, y guacamayos, aves del paraíso y gallitos de la roca, podían salir de sus refugios y retomar el vuelo. Nadie los hubiera matado con escopetas o ensartado como anticuchos con sus flechas. Esta nueva especie humana hasta sabía alimentarse de la energía del sol, y los animales estaban de fiesta. Si seguían así, todos podían vivir en paz, y hubieran evitado una vez por todas la séptima guerra mundial. Por eso miraron al cielo, preguntando a las estrellas, si esto iba a ser posible.

Las estrellas, que habían visto muchas, demasiadas cosas en millones de años, titilearon más fuerte, señalando que habían entendido.

Y finalmente, sonrieron.
—-

*Gisella Evangelisti es escritora y antropóloga italiana. Nació en Cerdeña, Italia, estudió letras en Pisa, antropología en Lima y mediación de conflictos en Barcelona. Trabajó veinte años en la Cooperación Internacional en el Perú, como representante de oenegés italianas y consultora del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, en inglés) en países latinoamericanos. Es autora de la novela “Mariposas Rojas”.

Fuente: http://servindi.org/actualidad/124964

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