Repunte de los movimientos indígenas, campesinos y sociales

Con el agravamiento de la crisis económica y fiscal propiciada por la caída de los precios internacionales del petróleo y el declive de la demanda mundial de los comodities de origen minero y agroindustrial, el repunte de los movimientos populares era inevitable, pues las consecuencias del desplome fiscal se propagan por todo el sistema social dando golpes demoledores a los grupos sociales más débiles y vulnerables. La crisis la están pagando los pobres, pues los ricos también sacan partido de la coyuntura mediante la especulación y manipulación de las políticas tributarias que direccionan a su antojo.

Camioneros, indígenas, campesinos, maestros y trabajadores petroleros son la expresión más visible de la movilización popular en ciernes.

Los camioneros han paralizado sus actividades y bloquean varios corredores viales estratégicos. Demandan control a las tarifas de los fletes y los combustibles toda vez que están afectando sus márgenes de supervivencia. El gobierno y la Fiscalía han respondido con amenazas y acciones de judicialización para impedir esta justa movilización (http://bit.ly/1BEri1l). La administración hace oídos sordos a las justas demandas y recurre a la vieja política del garrote acompañada con demagogia y censura en los medios para desconocer este importante acontecimiento colectivo.
 
Los indígenas (Nasa) del Cauca vienen adelantando amplias acciones para que el gobierno cumpla compromisos adquiridos hace varios años sobre entrega de tierras ancestrales que ahora son ocupadas ilegalmente por poderosas empresas agroindustriales de Luis Carlos Sarmiento Angulo y Ardila Lule. Las comunidades indígenas han recurrido al bloque de carreteras y al enfrentamiento organizado con el Esmad, un aparato policial de terror, para obligar a las entidades gubernamentales del señor Santos a que atienda sus justas peticiones.
 
La CUT (Central Unitaria de Trabajadores) ha previsto una importante jornada de movilizaciones para el próximo 19 de marzo que bien puede llevar a un paro indefinido de maestros y de los trabajadores petroleros agrupados en la Unión Sindical Obrera/USO.
 
Las organizaciones agrarias de los campesinos, de igual manera, han manifestado su decisión de realizar actos solidarios con las protestas en curso y para demandar el cumplimiento de los acuerdos alcanzados al término de las gigantescas movilizaciones del 2013. Por ejemplo, los caficultores demandan la inversión de más de $850 mil millones que, según ellos, no se han ejecutado del plan de acción que estableció el Gobierno en 2013.
 
Hay que señalar que uno de los aspectos que gravita en la actual movilización social es el rechazo al Plan de desarrollo (2014-2018) del señor Santos, el cual prolonga el modelo neoliberal con todas sus graves consecuencias en la situación de los trabajadores y las masas afectadas por la pobreza y miseria generalizada.
 
Este agitado panorama de protestas y huelgas en Colombia nos muestra de nuevo que lo que se va dibujando como alternativas anti sistémicas, rebeldes, contestatarias, son los grupos (en general movimientos campesinos e indígenas) que luchan y reivindican sus territorios ancestrales.
 
Tal como lo señala M. Colussi, quizá sin una propuesta clasista, revolucionaria en sentido estricto (al menos como la concibió el marxismo clásico), estos movimientos constituyen una clara afrenta a los intereses del gran capital transnacional y a los sectores hegemónicos locales. En ese sentido, funcionan como una alternativa, una llama que se sigue levantando, y arde, y que eventualmente puede crecer y encender más llamas (http://bit.ly/1MADgOg ).
 
De hecho, en el informe "Tendencias Globales 2020 – Cartografía del futuro global", del consejo Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos (citado por M. Colussi en http://bit.ly/1MADgOg ), dedicado a estudiar los escenarios futuros de amenaza a la seguridad nacional de ese país, puede leerse: "A comienzos del siglo XXI, hay grupos indígenas radicales en la mayoría de los países latinoamericanos, que en 2020 podrán haber crecido exponencialmente y obtenido la adhesión de la mayoría de los pueblos indígenas(…) Esos grupos podrán establecer relaciones con grupos terroristas internacionales y grupos antiglobalización (…) que podrán poner en causa las políticas económicas de los liderazgos latinoamericanos de origen europeo. (…) Las tensiones se manifestarán en un área desde México a través de la región del Amazonas". Para enfrentar esa presunta amenaza que afectaría la gobernabilidad de la región poniendo en entredicho la hegemonía continental de Washington cuestionando así sus intereses, el gobierno estadounidense tiene ya establecida la correspondiente estrategia contrainsurgente, la "Guerra de Red Social" (guerra de cuarta generación, guerra mediático-psicológica donde el enemigo no es un ejército combatiente sino la totalidad de la población civil), tal como décadas atrás lo hiciera contra la Teología de la Liberación y los movimientos insurgentes que se expandieron por toda Latinoamérica.
 
La mayor amenaza [para la estrategia hegemónica de Estados Unidos, para el capitalismo como sistema] proviene de aquellos que invocan derechos ancestrales sobre los territorios donde se encuentran estos recursos [biodiversidad, agua dulce, petróleo, riquezas minerales], o sea, de los pueblos indígenas".
 
En esa lógica también, buscando los caminos que hoy se ven bastante cerrados, se dibujan los movimientos campesinos-indígenas que reivindican sus territorios como una posible fuente de vitalidad revolucionaria sumamente importantes (http://bit.ly/1MADgOg ).
 
Aquellos que son visualizados en la geoestrategia de Washington como un peligro –por ejemplo, todos los que se oponen a la industria extractivista, que es la nueva fuente de acumulación del actual capitalismo rapaz, ávido de nuevas materias primas como materiales estratégicos y el siempre invaluable petróleo– tienen una lógica de cuestionamiento radical de los sistemas dominantes.
 
Son una expresión de un descontento que alberga en las grandes masas de damnificados, en general rurales –en atención a la principal dinámica de los países latinoamericanos, que son en muy buena medida agroexportadores con un fuerte peso de lo rural en su composición económico-política, social y cultural, agrega Colussi.
 
Análisis que es completamente valido para nuestro caso hoy al despegar el 2015. Con el elemento adicional de la negociación de paz en curso entre la resistencia campesina revolucionaria representada por las Farc y el gobierno neoliberal del señor Santos. Las Farc son expresión de una prolongada y consecuente lucha de las masas agrarias contra la violencia del latifundio, las multinacionales y el imperialismo gringo.


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