El juez primero civil del Circuito Especializado de Restitución de Tierras de Mocoa profirió la sentencia. La comunidad está conformada actualmente por 42 familias, y ubicada en el municipio de Orito. Con esta sentencia se pone fin al proceso judicial iniciado a partir de la demanda presentada por la Unidad de Restitución de Tierras (URT), con la que fueron evidenciadas afectaciones a la comunidad, provocadas por hechos ligados al conflicto armado, que generaron abandono del territorio y la limitación del goce efectivo de sus derechos territoriales. En el sur del país, la Unidad de Restitución de Tierras ha interpuesto, a la fecha, 4 demandas para la restitución de 8 territorios colectivos, además de 10 solicitudes de medidas cautelares y 18 territorios en etapa de caracterización. Dentro de los hechos violentos perpetrados en el territorio de esta comunidad, se destaca el asesinato del taita y fundador de la comunidad en diciembre de 2003; sumado a amenazas, señalamientos y el posterior desplazamiento forzado y la muerte de su médico tradicional. La desintegración comunitaria; la precaria condición social y económica de las familias; el debilitamiento de la cultura; y la ausencia de un territorio formalizado colectivo, han sido situaciones que han afectado las condiciones... [ Leer más ]
Autoridades indígenas de la zona andina que caminan con Gobierno Mayor se reunieron durante tres días en La Mesa, Cundinamarca, para entregar aportes a la construcción del capítulo étnico del Plan Decenal de Salud Pública (PCDS) 2012 – 2021. Según la Coordinación de Autoridades Tradicionales Indígenas de Colombia Gobierno mayor, el objetivo de este encuentro es “seguir reorientando la salud propia y que realmente queremos es una institución de salud indígena propia (diferente a EPS o IPS), que parta no del servicio comercializado de salud, donde lo que importa es el tema del dinero y no las personas, sino de nuestros valores culturales, de nuestra medicina propia y sin dejar de lado el diálogo respetuoso con la medicina occidental y que otras medicinas sean complementarias a lo que tenemos, en aplicación de la interculturalidad de doble vía. Donde cada Pueblo Indígena, en el marco de la diversidad cultural existente al interior de nuestros pueblos sabrá utilizar y desarrollar sus saberes, usos y costumbres en materia de salud propia, en el marco de construcción del SISPI, de los mandatos internos de salud y en ejercicio de la autonomía propia”. En el encuentro de La Mesa, desarrollado entre el 28 y... [ Leer más ]
En el valle de Sibundoy (Putumayo), el pueblo Camentsa Biyá sigue resistiendo, en una lucha que busca garantizar el derecho a la autoridad y autonomía que tenemos los pueblos indígenas, y que quiere ser vulnerado por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF). El contexto de la situación se presenta porque el ICBF pretende definir un operador  externo para  el hogar infantil Basetemengbe Yebna, ubicado en el Resguardo del Pueblo Camentsa, pero sin conocimiento de la comunidad ni sus Autoridades, de tal manera que de un día a otro llegó el operador a notificar que iban a iniciar la implementación de su contrato en el hogar infantil. Después de 38 años que lleva el cabildo del Pueblo Camentsa administrando el Jardín, el gobierno pretende imponer un operador, que desconoce el concepto étnico a la hora de cuidar a los infantes, y sin tener en cuenta la etnoeducación, que nos permite inculcar y afianzar las raíces culturales y ancestrales en nuestros niños. La lucha del pueblo Camentsa, de Sibundoy, empezó el día lunes 20 de noviembre, sin que a la fecha haya respuesta efectiva por parte del Ministerio del Interior, y de los organismos defensores de derechos humanos. Por el... [ Leer más ]
El Pueblo Camentsa Biyá del valle de Sibundoy, Putumayo, viene exigiendo desde el día lunes 20 de noviembre de 2017 al Ministerio del Interior y al centro zonal del ICBF en esa localidad, el derecho a su autoridad y autonomía, que ha sido vulnerado flagrantemente al definir un operador  externo para  su hogar infantil Basetemengbe Yebna ubicado en el Resguardo del Pueblo Camentsa pero sin conocimiento, y mucho menos consentimiento de la comunidad ni sus Autoridades, de tal manera que de un día a otro llego el operador a notificar que iban a iniciar la implementación de su contrato en el hogar infantil La Mamá Gobernadora Pastora Juagibioy del Resguardo Camentsa de Sibundoy, acudió al Ministerio y al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar para que se le informe de las razones por las cuales adelantaron esa serie de actuaciones de manera unilateral y se subsane esas decisiones administrativas, pero no ha tenido respuestas a sus peticiones y al contrario han ratificado la decisión administrativa de contratar a un operador con sede en el Departamento de Nariño Por la displicencia institucional la comunidad Indígena del Pueblo Camentsa del valle de Sibundoy, el día lunes se vio obligado a realizar una... [ Leer más ]
  Delegados de los pueblos y comunidades de la Comisión Nacional de Territorios Indígenas (CNTI) Bogotá, D.C., noviembre 21 de 2017 Los pueblos indígenas de Colombia reunidos en el marco de la IV sesión de la Comisión Nacional de Territorios Indígenas (CNTI) de manera colectiva, en obediencia a nuestras leyes de origen y en defensa de nuestros derechos territoriales ancestrales realizamos el siguiente pronunciamiento a la opinión pública donde denunciamos que: Primero, la Agencia Nacional de Tierras, en adelante ANT, de manera unilateral e inconsulta, ha emitido durante el año 2017 resoluciones, directivas y circulares internas que afectan gravemente los derechos territoriales de los pueblos indígenas en Colombia. Ejemplo de lo señalado son: La Directiva 01 de 2017 de la ANT donde la entidad plantea la sospecha como un criterio jurídico y viable para decretar la suspensión de los procesos de titulación de territorios para los pueblos indígenas que presuntamente están ocupando propiedad privada sin juicio previo, tal como lo dispone el ordenamiento jurídico colombiano. Esta actuación denota la violación del derecho al debido proceso por parte del Director de la ANT, Miguel Samper Strouss. La Resolución 1653 de 2017 de la ANT donde su Director, en contravía del Decreto... [ Leer más ]

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¿Qué Piensan Ellos?

“8 de marzo del 2417”. Un cuento surreal para nuestros nietos y nietas

Había terminado la quinta guerra mundial. El planeta parecía un desierto. Tempestades de arena cubrían los escombros, y la noche vientos helados hacían brillar unas estrellas desconcertadas.

Un destino piadoso había ahorrado la vida a un grupito de harapientos seres humanos, que vagaban en la nada alimentándose de escarabajos y escorpiones. Sólo una mujer, entre ellos, no había perdido la memoria. Se llamaba Zoé: en griego, “Vida”. Y un día, buscando algo entre las ruinas, se topó con una polvorienta caja de madera. La abrió con mucho esfuerzo y vio que contenía un viejo manuscrito casi carcomido por las polillas. No pudo descansar hasta lograr descifrarlo. Lo consiguió después de quinientas noches en vela, quedándose cada vez más asombrada. Poco a poco entendió que se trataba de una obra muy importante, que podía dar lugar a una nueva era.

Imagen: Al desierto con Yokmok

En las primeras páginas se leía que la recopiladora del manuscrito había sido una mujer rica y poderosa, de nombre Zoila, que hacía muchos siglos había recibido estos mensajes, según decía, directamente del Cielo. Se trataba de reglas que el mundo tenía que seguir para vivir bien, y sobre todo, mantener a rayas la mitad de la humanidad, constituida por machos tendencialmente rebeldes y agresivos, cuyo deporte favorito era buscar peleas. Para mantener su dominio en el mundo, los machos, por miles de años, habían convencido a las hembras que eran inferiores e impuras, peligrosas y obscenas, pues los habían llevado al pecado, convidándoles manzanas y algo más.

Zoé no se lo podía creer. ¿Cóoomo? ¿Un libro antiguo explicaba así de claro la sumisión a la que por milenios habían sido adiestradas las mujeres, hasta que la mayoría había terminado aceptándola como un dato del destino, una realidad inmutable, hasta los últimos siglos, cuando las cosas habían comenzado a hervir y las mujeres estaban reivindicando la paridad de condiciones con los hombres, en todos los sectores de la vida?

Sin embargo la humanidad no había evolucionado mucho, al parecer, a pesar de tantos descubrimientos científicos, o de que supiera construir rascacielos de 800 pisos, pensaba Zoé. Ya casi nadie practicaba los valores comunes, como la compasión, que muchos libros sagrados pregonaban, y entre los humanos prevalecían orgullo y codicia. De vez en cuando en desiertos y planicies explotaban tremendas guerras que llamaban “choques de civilizaciones”, para darles mayor importancia, pero para los más avispados no eran que una variante màs de las eternas luchas por el poder y los recursos naturales.

Al terminar la lectura Zoé se sentó en una piedra, secándose la frente, en un revuelo de dudas. Pues la solución que proponía el manuscrito era bastante fuerte. Ojo por ojo, diente por diente, se afirmaba. Después de veintemil años de dominio del macho, ahora tocaban veintemil de dominación de la hembra. Los varones, peligrosos e impuros, debían ser domesticados, exactamente como ellos habían hecho con ellas. Por el bien de la humanidad, o por voluntad del Cielo, según se prefiriera justificarlo.

Zoé cerró los ojos y decidió que había que probarlo. Pues, peor que así, como ella lo había visto al explotar la quinta guerra mundial, el mundo no podía ser. Después del experimento de veintemil años, sugería el manuscrito de Zoila, se podía hacer una evaluación, y ver si continuar o no con el sistema.

Así, generación tras generación, fueron ensayadas las nuevas reglas. Bueno, tanto nuevas no eran, al contrario, mirándolo bien, se trataba de una mezcla de viejísimas reglas. Lo nuevo era que se aplicaban al revés. Era oportuno, se decía en el manuscrito, que las mujeres se casaran con adolescentes bellísimos y pobres, dando a cambio a los padres algunas cabras o gallinas, o unas cuantas monedas, según el censo, y se los encerraran en casa a cuidar de los hijos, (paridos todavía por las mujeres, pero entregados a los pocos días de nacidos al cuidado de los hombres).

Ellas tenían que trabajar afuera y ellos tenían que cocinar, limpiar la casa, cuidar de los enfermos y los ancianos, e (¡importante!) les era taxativamente prohibido instruirse. A lo máxímo, podían llegar a leer un librito de oraciones. Pues deber y tarea del varón en el mundo era ser complementario (ergo, a servicio) de las necesidades de las mujeres, (incluyendo sus caprichos). Ellas tenían el sagrado derecho de pegarlos, si no obedecían, o se mostraban descontentos. Por eso, hacían circular simpáticos refranes, provenientes de diferentes lugares del mundo, como los que decían: “Cuando regresas a casa, pega tu marido, él sabe por qué”. O “más te pego, más te quiero”; o “hombres y bacalao, nunca se los machaca lo suficiente”.

Obviamente, cuando los hombres salían (moderadamente ) a la calle, solo para las compras indispensables, tenían que estar cubiertos de pie a cabeza, mostrando a lo máximo los ojos, y mirando siempre de frente, como los caballos. Tenían que llevar túnicas o pantalones anchos, mejor si acompañados por un velo que cubriera habilmente los moretones. Para asustarlos, las sacerdotisas les repetían que las calles eran repletas de mujeres ninfómanas que podían violarlos en cualquier momento, por lo tanto tenían que portarse de manera muy recatada, nada de sacar por allí un tobillo peludo o un brazo musculoso, si no, eran ellos los putos que se la buscaban. En caso de haber sufrido una violación, tenían que terminar colgados de un árbol, como se había visto hacer en la India. Para los adúlteros, en cambio, se sugería la vieja y siempre efectiva lapidación, heredada por los tiempos bíblicos, con la primera piedra lanzada por una inocente hijita.

Siendo los varones más fuertes fisícamente, era aconsejable que las mujeres se rodearan de eunucos como guachimanes, que a la mínima señal de rebelión daban tremendas palizas a los esposos. Sí, porque mientras el hombre tenía que mirar solo a su ama y dueña, las mujeres podían tener todos los amantes que querían, y en ciertas culturas hasta cuatro esposos. Para sentirse magnánimas, preguntaban al primero si estuviera de acuerdo que llegara el segundo o el tercero. Él, obviamente, casi siempre lo estaba, pues, para que no se fuera por allí a lloriquear, la justicia era mantenida en manos férreas por las juezas, y era inútil protestar. Además, ¿dónde podían irse, si un matrimonio fracasado era siempre culpa de ellos, los putos?

El sistema de los cuatro esposos, por lo visto, tenía un gran éxito entre las mujeres poderosas (las otras tenían que ser menos ambiciosas). El primer esposo, si quería mantener su posición en la casa, tenía que esmerarse en atenciones y platillos suculentos; el segundo, más joven y bien fornido, servía más bien para la zona noche, de donde no podía escabullirse por improvisas migrañas; el tercero, un adolescente adorable, llegado al tálamo nupcial rigurosamente virgen, necesitaba un poco de entrenamiento para soltarse, pero casi siempre los resultados eran sobresalientes. El cuarto podía ser un acrobata, un guitarrista o un poeta, justo para entretenerla cuando la señora descansaba en la hamaca. En fin… cuando, solo para variar un poco, la poderosa señora necesitaba otras distracciones, había muchos lugares discretos donde una cantidad de jóvenes, esclavizados por las mafias u obligados por la necesidad, podían prestar fantásticos servicios.

Pasaron muchos siglos, bajo el férreo dominio de las señoras poderosas. Las que no contaban con mucho dinero, podían permitirse solo un par de maridos, (¡qué aburrimiento!) pero en realidad no podían quejarse. Solo ellas disfrutaban de la libertad de estudiar interesantes carreras, dictar leyes (obviamente, para mantener sus privilegios) viajar y conocer, producir y acceder a las mejores invenciones…. Se la debían pasar bomba, ellas, (pensaban con tristeza los varones, envidiándolas) cuando se metían en los astronaves, dando vueltas por los planetas, o cuando jugaban sus ruidosos partidos de futbol, que a ellos era permitido solo ver por tv, pues no podían ir a los estadios, (siempre por miedo a las ninfómanas y a las tremendas hooligans que circulaban por allí, que se emborrachaban y después iban a destrozar todo, como habían aprendido a hacer de los antiguos varones, por ejemplo unos holandeses en Roma).

Sin embargo, como la Historia tiene recovecos y vericuetos, entre los varones comenzó a serpentear el diablillo de la rebelión. Poco a poco unos hombres lograron trabajar afuera de casa (al comienzo en condiciones horribles, con salarios más bajos), pero unos cuanto pudieron estudiar, y así, lentamente, comenzaron a agrietarse las bases del poder matriarcal. Tenían argumentos para discutir y reclamar, y la paz (sepulcral) del hogar ya era un recuerdo. Ellas entonces se volcaron a financiar grupos radicales, que interpretaban en formas restrictivas el sagrado manuscrito de Zoila, y pretendían detener la historia.

Surgieron también grupos de opuestas tendencias, pero igualmente fanáticos. En todas partes se abrían focos de guerra, sacando viejos y nuevos motivos de hostilidad, y la humanidad parecía haber perdido el norte. Habían pasado en un soplo los veintemil años del experimento, y los problemas no se habían resuelto, solo desplazado. La venganza de las mujeres no parecía haber sido una gran solución, si dejaba otra vez la última palabra a la guerra. En la sexta guerra mundial, fueron usadas las armas de última generación, (la bombas atómicas se habían vuelto unos cachivachis) basadas en lasers de gran potencia que quemaban todo a su alrededor, traspasando los escudos galácticos. De nuevo hubo una destrucción total, no sólo en la Tierra, sino sufrieron severos daños también Venus y la Luna. Y por unos siglos más los vientos y la arena reinaron sobre el silencio del planeta azul.

Hasta que un día entre los rojizos terrenos calcinados se vieron brotar unas hojas verdes. Increíble… ¿cómo se habían podido mantener las semillas? Eran las de un pequeño bambú, un cedro, un pino y una lupuna. Cuando crecieron, en su sombra se vieron descansar dos seres (un varón y una hembra) algo raros, venidos de no se sabe dónde, y parecidos en casi todo a una especie extinguida, la de homo sapiens, que a pesar de su apodo, tanto daños había hecho al planeta. Eran raros, altos y sutiles, de piel cobriza, manos largas y ojos grandes.

Imagen: Blog Librepensador

Comenzaron a escarbar agilmente el terreno y plantar semillas en silencio, cada uno al lado del otro, con elegancia. De nuevo florecieron los valles. Las lluvias bendicieron las cosechas, y nacieron niños y niñas que saltaban por todas partes, jugando con los monos. Curiosamente, el colore de la piel de los niños no era igual al de los padres, habían muchos colores y matices bellísimos y nadie le hacía caso. Cuando hubo varios grupos, estos no sentían la necesidad de ir a invadir las tierras ocupadas por otros grupos, sino intercambiaban sus productos y sus ideas. Que al parecer eran fantásticas. Pues se había quedado en ellos lo mejor de las neuronas de la extinguida especie del homo sapiens, tanto que en poco tiempo lograron construir unas cometas coloradas con que volaban donde sea: produjeron energías con el agua, el aire, los vientos, y exploraron los planetas cercanos. Lograron comunicarse con el pensamiento y con chips invisibles… Era una fiesta de conocimientos, una alegría total.

Los pájaros que en todo ese tiempo se habían quedado escondidos entre las rocas, no podían creerselo. Habían pasado años y ¿¡no había habido guerras!! ¡Nadie había pegado o gritado al otro! Todos colaboraban y parecían divertirse mucho. El tema de los sexos, sus diferencias y contrastes, era definitivamente superado. Todos trabajaban según sus talentos, y tanto se divertían que a cada rato descubrían cosas nuevas.

Los pájaros entendieron así que la última guerra de lasers había modificado genéticamente la especie humana, quitándole, con la amigdala, el exceso de reactividad que habia sido necesaria en los primeros tiempos de la humanidad, (cuando los hombres tenían que luchar con los mammuth) pero la agresividad se había desbordado provocando un sinfin de guerras… y, en su lugar, se habían incrementado asombrosamente la hormona de la felicidad y las “neuronas espejo”, las que favorecían la empatía, la comunicación y la solidaridad.

Ahora sí, que podian relajarse, después de tantos sustos, los pobres pájaros. Gaviotas, y colibríes, y guacamayos, aves del paraíso y gallitos de la roca, podían salir de sus refugios y retomar el vuelo. Nadie los hubiera matado con escopetas o ensartado como anticuchos con sus flechas. Esta nueva especie humana hasta sabía alimentarse de la energía del sol, y los animales estaban de fiesta. Si seguían así, todos podían vivir en paz, y hubieran evitado una vez por todas la séptima guerra mundial. Por eso miraron al cielo, preguntando a las estrellas, si esto iba a ser posible.

Las estrellas, que habían visto muchas, demasiadas cosas en millones de años, titilearon más fuerte, señalando que habían entendido.

Y finalmente, sonrieron.
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*Gisella Evangelisti es escritora y antropóloga italiana. Nació en Cerdeña, Italia, estudió letras en Pisa, antropología en Lima y mediación de conflictos en Barcelona. Trabajó veinte años en la Cooperación Internacional en el Perú, como representante de oenegés italianas y consultora del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, en inglés) en países latinoamericanos. Es autora de la novela “Mariposas Rojas”.

Fuente: http://servindi.org/actualidad/124964

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